sábado, 2 de noviembre de 2024

2024

Cuatro años después de mi última publicación, vuelvo por aquí porque ya casi nadie escribe. Casi diría que escribir en un blog es como escribir en un diario íntimo. No importa si alguien lo lee.

No necesito mencionar los cambios que han acontecido desde que levantaron el estado de emergencia a causa del confinamiento en 2020; es más, la palabra confinamiento ya nadie la utiliza, y mucho menos los gestos de higiene que antes todos aplicaban.

Hablar de la pandemia no es lo que me trae a este espacio, por el contrario. Lo que me motiva a estar escribiendo estas líneas es el simple hecho de escribir, reanudar una antigua pasión que creció cuando aún no había terminado la primaria, y ya publicaba pequeños informativos de las cosas que pasaban en casa. Esa página informativa redactada e ilustrada por la mano de una niña de siete años. Escribir siempre fue una segunda naturaleza en mí, que fueran noticias, cuentos, rimas o historias dignas de Wattpad, escribir era una fuente de satisfacción, un refugio, una puerta a un mundo donde todo era posible y luego el silencio.

El auge de los blog en línea me permitió volver a escribir, aun si en lo que escribía no me reconocía de la misma manera que antes de la llegada de lo digital.

Y ahora casi quince años desde que aparecí por aquí, quiero retomar la escritura, y quiero volver a escribir en mi blog, para mí, sobre las cosas que me interesan y que no deseo compartir con nadie y a la vez con todos.

Fuente: Dall-E




miércoles, 29 de julio de 2020

Después del confinamiento

Aviso: escribo desde un teclado de un ordenador portátil europeo donde no existen combinaciones de teclas para los acentos, y sobre todo, el corrector de Word en español es muy permisivo.



Julio 30

Llevar un blog ya no está de moda. Es justo eso lo que me anima a escribir una nueva entrada hoy.


Lo único constante en el ser humano es el cambio, alguien me dijo eso hace años. Quizá falto matizar y añadir ‘en algunos seres humanos. En esta parte del planeta estamos en la etapa post confinamiento. El mundo parece haber cambiado mucho en poco tiempo.

 

Ya parece algo muy lejano los primeros días de enero de 2020 cuando en el comedor algunos compañeros de trabajo reían al comentar las primeras medidas tomadas en China para aislar ciertos bloques de departamentos.  Se me quedo muy grabado la frase “eso no pasaría aquí”. Es cierto, aquí no se clausuraron edificio, aun así, nos confinaron. Tirando del pensamiento esotérico diría que el universo nos dio lo que pedimos. Al regresar de las fiestas de fin de año, muchos miramos con temor el calendario, especialmente, los meses de mayo y junio, cuyos feriados no eran muchos y sobre todo, las siguientes vacaciones solo llegarían a finales de junio. Muchos, sin llegar a decirlo, otros mucho mas animados, hicimos ese pedido general. “Queremos descansar”, “una semana extra no estaría mal”. Yo muy dentro y fuera llegué a decir “me gusta mi trabajo, pero a veces quisiera tener mis fines de semana completos”.  

Como todo el mundo sabe, cuidado con lo que pides que se te concede. El periodo que para algunos empezó como vacaciones se volvió en un trabajo de veinticuatro horas siete días a la semana. Con mucho asombro vi que antes del confinamiento mi trabajo se terminaba al salir de mi centro laboral, con algunas excepciones, pero podía decir al entrar a casa “hasta mañana”. El teletrabajo lo cambio todo.  Recibía mensajes hasta pasada la media noche, gente preguntando cosas ya explicadas.  La crisis puso en evidencia que mucha gente tiene una agresividad reprimida por las convenciones sociales que bajo presión se libera, y vaya que si.

Salir a la calle se volvió extraño, al punto que cuando levantaron el confinamiento, no fui de las primeras en salir.

Ya había dos meses sin salir, en confinamiento estricto. Pasé otro mes más igual de encerrada por propia voluntad. Algo en mi no aceptaba que cambiaran otra vez las reglas. Cancelé todos mis planes de vacaciones y al día de hoy me pregunto si podré retomar ese proyecto que consistía en viajar más,  sin que ello implique un acto de valor o de irresponsabilidad, según como se vea.


Lulux